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Continuación... (de la 1ª parte)

Continuación... (de la 1ª parte)

   11 Sep 2007 09:29:24

  Mi Veldád - Jorge Angulo

  Estimados todos:

  Chío, mira que diferente se escucha tu último mensaje, tal parece que en el penúltimo te encontrabas un tanto encab..., pero no, mejor lo dejamos en que quisiste aportar tu versión de los hechos y no mandarme al centro de rehabilitación para impedidos mentales, o como diría Memo, Andropáusicos Anónimos.

  Y es que es de esperarse que todos los miembros honorarios del distinguido PROBIOL, tengan sus respectivas versiones sobre el origen del mismo, lo cierto es que en ningún momento mi versión, o como diría la ilustre encueratriz cubana Niurca, Mi veldá, buscó sangrar los sentimientos (de nadie) mediante la descalificación u omisión de sus actores, por el contrario, se intenta revivir los beneficios y alcances que el PROBIOL nos representó en su momento.

  ¿El como nació? es lo de menos, lo mas importante es ¿en que nos sirvió?... 

  ...Efectivamente, en dos o tres ocasiones perdimos el miedo escénico y abordamos los lujosos transportes colectivos para interpretar algo así como "¿cuántos caminos debe recorrer el hombre, antes de que pueda llamarse hombre?"... o bien; "que bonito el panorama que bonito me voy para la Habana me voooy". La primera del distinguido Bob Dylan y la segunda de dominio popular aportada al gremio por Francisco López.

  Cabe destacar que los verdaderos músicos del grupo, constituyeron el mas importante cuarteto de cámara que la ENEPI pudiera aportar al mundo, compuesto por el guitarrista y potente tenor Alfonso Delgadillo, destacado intérprete exclusivo del cuarteto de Liverpool (y Suburvia) así como del poeta cubano Silvio Rodríguez. Armando JAI, guitarrista flamenco formado en las mejores universidades artísticas de trova, el bajista obligado y guitarrista de cámara (luego nos vemos) Jorge Chikistraques Angulo, y el percusionista con especialidad en pandero para dos manos, Guillermo Jiménez.

  La mera neta, yo recuerdo que cantamos dos veces en el camión y una vez en el metro, lo recaudado nunca llegó a las arcas del PROBIOL o por lo menos; no existen registros en los archivos administrativos contables del departamento de finanzas del mismo, e invariablemente, los pesos así obtenidos, eran irremediablemente dispuestos para la compra en expedito de:

  Un par de bolillos y un litro de leche, 

  Un pan de dulce y un litro de leche, o bien;

  Una engrazadilla con champurrado.

  En cuanto a la versión de las hojaldras narrada por Javier Piña, resulta ser la mas próxima al origen del PROBIOL, de ella nos puede corregir mi querida madre, ya que efectivamente se encargó de elaborar el mole con pollo para las susodichas. Y si de historias se trata, podríamos decir que de no casarse Armando Piña con Lupita, la historia del PROBIOL no estaría siendo objeto de remembranzas y sentimentalismos.

  Nunca nadie será excluido y olvidado, no habrá recuento de jornales compañeros, todos fuimos para todos, ninguno se quedó con más, porque todo fue repartido igual.

  Lo arriba citado es verdad a medias, les voy a contar por que...

  ¿Se acuerdan de los maletines de víveres blindados? perdón, de los huacales de recaudo patrocinado por el PROBIOL, algunos de ellos regresaban casi intactos de la batalla, pero otros; mortalmente heridos por los garrazos del personal en campaña. Uno de esos huacales regresaría muy dañado y conducido de emergencia a las gavetas de biología celular, concretamente en los cubículos destinados a las prácticas con la estimada profesora Marta. 

  Los víveres serían custodiados bajo llave solamente por un fin de semana, ya que el próximo lunes el contingente raramente satisfecho en sus necesidades mas elementales como es la ingesta, en un común acuerdo, desdoblarían un plan maestro para dar fé de los restos del huacal. Una vez elaborado el inventario:

  • 6 huevos asoleados
  • 1 lata de chiles (abierta y a la mitad de contenido)
  • 1/2 kilogramo de azúcar (contaminada con café soluble)
  • 1 lata de frijoles refritos negros
  • 2 cebollas
  • 3 limones
  • 2 raciones de arroz inflado
  • 1/2 paquete de pan Bimbo blanco
  • bolsas y otros desechos nada útiles.

  El pelotón designaría a sus mejores hombres de campo Poncho y Darío, para realizar la labor más despreciada y difícil: lanzarse por las tortillas a la glorieta, mientras que el resto se encargaría de la limpieza de los trastos para la talacha gastronómica planeada.

  Sí, efectivamente, el plan consistiría en manufacturar un omelet con los restos mortales del huacal, preparar una rica y deliciosa agua de limón con ligeros toques de café, y; con perdón de todos: puto el último, terminando la clase por ahí de las 1100 horas, el personal adscrito se encontraba en completas operaciones logísticas, por fuera del cristal del cubículo, parecía que los estudiantes llevaban a cabo la práctica de celular más aterradora de todos los tiempos: explorar las entrañas de la unicélula más grande de las gallináceas, utilizando como medio de contraste la pasta oscura de frijoles refritos, y como fijador; unas cuantas rajas de chiles cuaresmeños.

  ¡Santísimo cielo, falta algo!, ¿y el aceite? ¿con qué vamos a freír los huevos, preguntó Irma?,

  Ingue su, así como van, echen andar la parrilla y calíbrenla a 150 grados Celsius, no se detengan, nos reportan que las tortillas vienen en camino.

  El rostro de Irma, responsable del aniquilamiento de los huevos, denotaba inseguridad y hasta cierto punto miedo, debido a que su reputación como cocinera podría ser manchada u opacada con media docena de pinches huevos paseados. Sin embargo, la presión la obligó a efectuar el primer movimiento, una vez verificada la temperatura de la despostillada lámina peltrada del sartén, Irma arrojó las julianas de cebolla precedidas por los huevos.

  Evidentemente que los contenidos de azufre de los huevos agradecerían su liberación, esparciéndose a carcajadas y corriendo por todos los rincones del laboratorio, del pasillo, de la planta y ¿por que no decirlo? del edificio en su totalidad, sin una gota de aceite, los desgraciados huevos iniciarían una danza espantosa, bailarían con el sartén mas feo.

  No manchen, que pinche pestilencia es esta, exclamaría Poncho al arribar con el cargamento de tortillas, pero su horror sería mayor al constatar la suerte de los huevos...

  Y para no variar, me interrumpen de nuez, a como chillan, perdónenme luego le seguimos...

  Jorge Angulo

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